Los que estuvieron cerca

Cartas y testimonios

Lo que escribieron su madre, su hermana, sus amigos y quienes le acompañaron. Están tal y como los escribieron.

En los medios

«Es duro saber que tu hijo se puede morir, pero tenemos a Dios en nuestras vidas»

Reportaje publicado en vida de David, cuando ya había perdido la vista y se movía en silla de ruedas. Firmado por Candela Altable Torres.

«Vomitaba seis o siete veces al día», recuerda su madre, Almudena. Le hicieron todo tipo de pruebas, pero ninguna daba un resultado concluyente. No era celiaquía, no tenía problemas de azúcar, no era gripe. «Llegamos incluso a pensar que era algo psicosomático y le llevamos a terapia.» Fue precisamente en las sesiones de terapia cuando la psicóloga se dio cuenta de que se le «iba» un ojo, de que tenía un zumbido en el oído y de que le dolía la mitad de la cara. «Una noche fue a echarse agua en el vaso y la tiró fuera entera, y no lo entendía porque él creía que la estaba echando dentro.»

«Era un chico muy deportista, así que era raro, pero en poco tiempo empezó a necesitar estar todo el día tumbado, con dolor.» Tras meses de entradas y salidas del hospital llegó el diagnóstico. David comenzó quimioterapia y después 33 sesiones de radioterapia.

Su madre recuerda ese trayecto como «muy duro; ver que un hijo tuyo se puede morir en cualquier momento es muy difícil de asumir. Pero tenemos la suerte de tener a Dios en nuestras vidas, y eso nos ha permitido aceptarlo y llevarlo bastante bien».

«Nos lo ha puesto muy fácil: nunca se ha quejado, siempre está muy contento. Ha visto esta enfermedad casi como un regalo, porque ha hecho acercarse muchísimo a la familia, a los amigos. Siempre dice que él tiene muchas ganas de vivir, pero que no le importaría morirse; dice que lo mejor que le puede pasar a una persona es irse al cielo. Y si el Señor le llama con 16 años, es porque está preparado.»

«Está aprendiendo a manejarse con la tecnología de nuevo, a leer, a escribir, todo de cero. Los profesores de la ONCE que vienen a casa dicen que no habían conocido a nadie como él, que desde el primer momento se ha repuesto del golpe que es la enfermedad y lo ha asumido. En cuanto se ha visto con fuerzas ha empezado a estudiar de nuevo para sacarse el bachillerato, va a rehabilitación, está dando clases particulares por la tarde, da charlas en colegios y universidades que nos llaman para que vaya a contar su historia y para motivar a los jóvenes para que no se rindan, e incluso sale con el kayak para pescar.»

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